¿Te casarías con un cerrajero?

Nunca nunca nunca os caséis con un CERRAJERO DE ZARAGOZA, os lo digo yo, que sé de lo que hablo.

Qué bonito es el amor, sí. Qué bonitas las bodas, la vida de pareja, tener hijos…

Precioso, claro, hasta que descubres que tu marido es un cerrajero de Zaragoza entregado, que sólo tiene un verdadero amor en su vida: su trabajo.

El día que conocí a mi marido, hace ya once años, yo soñaba con casarnos y formar una familia tradicional.

Soy una mujer clásica y tradicional, sí, de esas que ya van quedando cada vez menos.

Mis padres eran clásicos y tradicionales también, y me dejaron en herencia los valores clásicos y tradicionales.

Por eso, después de cuatro años de novios, mi esposo Luis y yo nos casamos por la Iglesia, como debe ser.

Fue la boda más bonita del mundo. Aún lloro cuando recuerdo aquel momento en que mi padre se puso a cantarnos el “Oh sole mío” en el altar. Tuvieron que darme un valium para que me pasara el ataque de llanto que me produjo la gran emoción que sentí en aquel instante.

Todo salió a la perfección y tuvimos cerca de novecientos invitados.

Si yo hubiera sabido que la felicidad de ese día iba a durar tampoco, no me habría casado con Luis, pero claro ya sabe una como son los hombres en esos momentos de maravillosos.

Tardé muy poco en darme cuenta de que vivir con un cerrajero no era como yo lo había imaginado. Todo el día hablando de cosas extrañísimas como bombillos, amestramientos, llaves maestras, antiladrones, borjas, cilindros…

Y una sensación total de falta de intimidad, porque sabes que tu marido puede abrir cualquier puerta en cualquier momento y pillarte allí dentro haciendo vete a saber qué.

Y luego están las noches en que tiene guardia. Pueden llamarlo en cualquier momento y a cualquier hora de la madrugada y tiene que desplazarse a los sitios más extraños.

Así no se puede tener vida marital, porque claro, si lo llaman, como es una emergencia, tiene que dejar lo que esté haciendo y salir corriendo.

Si mi marido fuera un policía o un bombero, lo entendería, pero a mí nadie me explicó que estas cosas pasarían cuando estuviera casada con un cerrajero.

Lo peor de todo es que mi hijo pequeño Luisito, quiere ser de mayor cerrajero como su padre y no quiero ni oir hablar de estudiar una carrera. Y es lo que me faltaba ya, tener dos cerrajeros en la familia.

Yo quiero que mi hijo sea abogado y que se case con una chica clásica y tengan una familia tradicional.

Pero claro, a mí es que nadie me hace caso nunca, porque lo mío no es importante.

¿Y si la novia se queda atrapada en la peluqueria?

No me gustan mucho las bodas, pero cuando supe que mi amigo David se casaba por fin, fui la primera en apuntarme.

Recibí con sorpresa la invitación a su boda, porque David siempre había presumido de que no se casaría nunca. De hecho, solía hacer apuestas con sus amigos a ver quién se casaba primero, porque él desde luego no iba a hacerlo…

Pero estos que hablan mucho, son los peores y los que al final caen en la trampa.

Lo más curioso es que se iba a casar con Lucía, su amiga de la infancia de toda la vida y con quien menos podríamos imaginar que iba a casarse.

Para el tema de los regalos no me rompí la cabeza y acepté su sugerencia de recurrir a la clásica lista de bodas. Yo es que soy un desastre para elegir regalos. Nunca acierto y si lo hago, suelo comprar un libro repetido, un CD que ya tienen, una camiseta que su madre le regaló justo el día antes… Creo que tengo lo que se da en llamar cierto “gafe” para estas cosas. Con la lista de bodas, no habría error posible.

La boda fue muy bonita y todo salió bien, pero no puedo parar de reirme cada vez que recuerdo la anécdota de la peluquería que se produjo la misma mañana del día de la boda, y que de no ser por la empresa de cerrajeros de Zaragoza que acudió en ayuda de la novia, es muy posible que el enlace  no se hubiera podido llevar a cabo.

Como todas la novias, Lucía quería estar guapísima en su boda. Así que esa misma mañana tenía cita en la peluquería para hacerse un recogido. Era sábado y la peluquería cerraba los sábados, por lo que lo que ella era la única cliente, y la peluquera la atendió todo el tiempo con la puerta cerrada.

Después de dos horas, el trabajo quedó terminado y cuando la dueña de la peluquería se dispuso a abrir la puerta abrirle a Lucía y a despedirse de ella, giró la llave en la cerradura y la llave se partió dentro.

Entre los nervios del evento y que se hacía tarde, Lucía empezó a llorar y llamó a David explicándole la sucedido, al borde de un ataque de histeria. Él la llamó como pudo, salió de casa y buscó a unos cerrajeros que hacía un par de años le habían abierto la cerradura de su coche, porque unos ladrones se la forzaron.

Lucía ya pensaba que se iba a quedar sin boda, allí encerrada todo el día. La peluquera hizo todo lo que pudo, pero no consiguió abrir.

Por suerte, los cerrajeros son unos magníficos profesionales que están ahí para solucionar, muchas veces, los grandes problemas de nuestras vidas. Y en efecto: fue un cerrajero el que se presentó al cabo de un rato con David en la peluquería, desplegó sus herramientas misteriosas y en seguida abrió la dichosa puerta.

Y por fin David y Lucía pudieron ser felices y comieron perdices el día de su boda.

Gastar una broma a los invitados de la boda

Cerrajeros en una boda
Bromas de los novios

Hay novios guasones, al igual que invitados guasones que asisten a las bodas. No se puede luchar contra ello, pues se trata de un grupo de amigos que animados por el alcohol, deciden gastar una broma a los novios, que están en esos momentos más pendientes de coordinar un montón de cosas que han de suceder simultánemente, que de tratar de esquivar las bromas de quienes al fin y al cabo, son sus amigos.

Es costumbre de los bromistas el contar como cómplices con algunos familiares de los novios que tengan copia de las llaves de la casa, o incluso algunos que sean cerrajeros zaragoza para así poder entrar en casa para digamos alterar un poco su contenido, todo por supuesto con el ánimo de humor que acompaña a una boda. Los novios, algunos que no todos, sabedores ya de estas tácticas, lo que hacen es a su vez prepararles ellos alguna que otra broma a los bromistas, en una cuanto menos curiosa recursividad, pero ¿y lo bien que se lo pasan todos ellos?.

La más divertida de las contrabromas orquestadas por los novios, fue cuando cambiaron las cerraduras de la casa con los bromistas dentro, los cuales no pudieron salir a pesar de tener las llaves originales, pues ya no servían al haber cambiado las cerraduras. He de notar sin embargo, que los novios les dejaron comida y bebida para un par de días, ya que tras la ceremonia y el convite, se fueron directamente a la luna de miel, mientras sus bromistas amigos, poco o más nada podían hacer por salir de la casa. Para evitar que llamaran desde el móvil a algún familiar o a otro cerrajero de la ciudad, colocaron un par de inhibidores GSM en la casa. ¡No había cobertura ni sacando el móvil por la ventana!

Moraleja: si vas a gastar este tipo de bromas, cuenta con un cerrajero entre tus amigos bromistas, o de lo contrario te arriesgas a ser tu quien piques en tu propia broma.