Wedding Slacking y jugar a vestir novias

Son bastante adictivos los juegos para vestir a las novias.
Las bodas no dejan de ser un juego

Mi hija Lucía, llevaba semanas hablándome de un juego de vestir novias, llamado Wedding Slacking 2.

En su colegio, todas las niñas están maravilladas con el juego y cada vez que se reúnen, se ponen a hablar de él y a contar quién ha conseguido más puntos.

Ayer por la tarde, Lucía se empeñó en que me sentara con ella ante el ordenador, para enseñarme el juego.

Y me gustó tanto, que hoy no he podido parar de probarlo durante dos horas seguidas…

Lucía dice que soy como sus amigas del colegio.

En resumidas cuentas, y por si no lo conocéis, Weeding Slacking 2 relata la historia de la boda de tu mejor amiga (Jessica), y puedes vivir un montón de peripecias en torno a esta celebración.

Tú –en el juego-eres una chica rubia muy simpática, que se llama Sarah. Tu amiga Jessica te ha pedido que seas su dama de honor, así que tienes una gran responsabilidad.

Pero resulta que eres una muchacha muy inquieta y traviesa y comienzas a aburrirte un poco en esta larguísima boda de Jessica.

¿Qué haces entonces para pasar el rato?

Pues puedes conducir el coche de caballos de los novios, sin tener ningún percance.

O comerte una riquísima tarta de bodas.

O maquillarte los ojos.

Incluso puedes enviar mensajes con el móvil y firmar la tarjeta de felicitación.

A mí lo que más me gusta es lo de la tarta y recoger flores para hacer el ramo de la novia.

Es muy divertido también oír cómo Sarah gime de aburrimiento cuando no le encargas la tarea apropiada.

Sólo por escucharla, me gusta jugar una y otra vez.

Además de divertirme, como madre, pienso que es un juego excelente para mi pequeña.

Tiene un colorido magnífico, unos dibujos muy tiernos y al mismo tiempo muy graciosos.

Además es fácil de entender y bastante intuitivo.

Incluso se descarga muy rápido y funciona a la perfección.

Y hay que ver, por cierto, qué misterioso es el novio de Jessica, que está durante toda la boda de espaldas y nunca conseguimos verle la cara.

Se deduce que es un rubio y apuesto caballero, pero me encantaría poder reconocerlo alguna vez.

Y merece la pena ver la expresión de la pobre Jessica, cuando se cansa y su dama de honor no hace el trabajo de forma correcta.

Recomiendo mucho este juego para niñas, y por qué no, igualmente para sus madres.

El juego de vestir de una novia

Si hace trece años, cuando me casé en Benidorm con Felipe, me hubieran dicho cómo iba a terminar nuestro matrimonio más de una década después, jamás lo habría creído.

Felipe era el hombre de mi vida, mi media naranja, el complemento perfecto para mi maltratado corazón. Yo no entendía la existencia sin él y todo mi universo giraba en torno a él.

La vida de casados, los primeros años, me pareció lo más maravilloso del mundo. Todo eran ventajas, detalles de Felipe, y cosas buenas.

Al cabo de ochos años, sin embargo, ya empezaron a cambiar las cosas.

La convivencia, la monotonía, y el día a día juntos, en general, dieron lugar a diferencias y roces que no supimos gestionar demasiado bien.

Pero todo se fue a pique cuando descubrí que mi Felipito era un pervertido.

Al parecer, lo había sido siempre, pero se cuidó mucho de ocultármelo para que yo no lo supiera.

Lo descubrí una mañana por pura casualidad.

Felipe se quedó dormido y se levantó tarde para llegar al trabajo. Así que se arregló corriendo y salió por la puerta a toda velocidad. Con las prisas, olvidó su maletín en la mesa de la cocina.

Al verlo, lo cogí para llevárselo al garaje, pero se me cayó al suelo y todos los documentos quedaron desperdigados por el pasillo.

Entre ellos, vi una cosa extraña: era una especie de revista infantil, con la silueta de una muñeca de cartón y un montón de vestidos de papel en las páginas siguientes, que se recortaban y se le podían poner a la muñequita. Había vestidos, biquinis, pantalones, zapatos…

¿Qué podía hacer aquello en el maletín de mi Felipín?

Intrigada, quise averiguar algo más y entré en su ordenador. No me preguntéis por qué lo hice. Sólo tuve un presentimiento.

Y lo que encontré allí nunca lo olvidaré. Fue terrible.

Mi marido jugaba desde hacía tres años con JUEGOS DE VESTIR NOVIAS.

Llevaba años engañándome, diciéndome que se tenía que quedar despierto hasta las cuatro o las cinco de la madrugada, sacando el trabajo atrasado de la oficina.

Pero nada de eso: lo que hacía era pasar horas jugando al juego de vestir novias.

El registro del ordenador no mentía. Las horas coincidían. Mi marido era un fetichista.

Felipe me engañaba con una novia electrónica a la que vestía y desnudaba durante horas, con modelos diversos: desde correctísimos trajes de chaqueta, hasta la lencería más erótica que jamás había visto.

Y a mí nunca me regaló ni siquiera unas braguitas. Ni en San Valentín.

Felipe prefería estar con su novia virtual vestible y desnudable hasta las cuatro de la mañana, antes que dormir conmigo.

Por eso lo dejé y así acabó mi matrimonio.

Vaya forma más tonta de divorciarse, vamos, digo yo.

La decoracion con estores

estor
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Mi marido es un romántico.

¿Sabéis cómo me pidió que me casara con él?

Pues me dijo que nos íbamos de viaje a Cancún a hacer submarinismo, su gran afición desde pequeñito.

A mí me extrañó, porque yo de submarinismo no sabía prácticamente nada, pero él me dijo que era la ocasión perfecta para que me dieran algunas clases. Me aseguró que me encantaría porque las aguas allí eran increíblemente transparentes y la fauna y el fondo marino eran de los más bonitos del mundo.

Al fin me convenció, y en la primera inmersión, me quedo mirando a Carlitos (mi esposo) y observo que despliega un cartel con letras enormes que ponía:

LOLI, ¿TE QUIERES CASAR CONMIGO?.

Mi chico me había llevado hasta Cancún para pedirme matrimonio bajo el mar, rodeados de increíbles corales y peces tropicales multicolor. Fue un momento increíble y que nunca olvidaré. Eso sí, como era novata en temas de buceos y con la emoción, estuve a punto de ahogarme en ese momento, pero menos mal que los monitores estaban pendiente y se percataron enseguida, de modo que me sacaron a la superficie antes de que la cosa fuera a más.

El día que me casé con mi Carlitos no imaginé que el tema de la vivienda  compartir con él pudiera convertirse en una pesadilla.

Y no, no me quejo yo de mi marido, porque es muy bueno y muy santo, pero tiene una peculiar visión de los diseños, las dimensiones, las proporciones y de la construcción en general.

Carlitos es arquitecto.

Pero no un arquitecto normal y corriente, sino uno de esos a los que contratan los multimillonarios para que les diseñe casas únicas y cien por cien originales.

Cuando llegó el momento de tener nuestra propia casa, por supuesto Carlitos se ocupó del diseño y de todo.

No digo yo que nuestra casa sea fea, pero no acabo de entender qué necesidad teníamos de vivir en habitaciones con formas geométricas tan variopintas.

El día que me dispuse a decorar sus grandes y maravillosos ventanales con estores, descubrí que una casa así era una pesadilla para eso.

Imaginad una habitación en forma de estrella, o una habitación redonda, u otra con forma de delfín nadando en altamar… Bonito y original, sí, pero estaban acabando con mis nervios y con los de los pobres vendedores de estores que venían a visitarla para tomar medidas.

Después de que diez empresas de estores se marcharan alegando que era imposible decorar semejantes estructuras, tuve la suerte de encontrar a la empresa de estores que al fin pude contratar.

Hicieron un trabajo excepcional y meticuloso, que les costó sudores, eso sí.

La mayoría de estores están pensados para casas normales, donde las ventanas y las paredes son planas y rectas.

Pero los diseños de mi Carlitos nada tienen que ver con la normalidad. Por ejemplo, nuestro salón tiene los techos ondulados, imitando a las olas del mar. El de la empresa de estores pasó un par de horas tomando medidas con un aparato láser que no sé cómo se llama para conseguir la medida exacta de longitudes, ángulos y recovecos varios. Al final quedó perfecto y consiguieron diseñarnos un estor igualmente ondulado.

Lo más complicado fue cubrir la ventana del cuarto de baño, que tiene forma de estrella y está coronado por un ventanal que rodea toda la habitación. Creí que la empresa de estores no sería capaz de hacer un estor en forma de estrella.

Sin embargo, lo consiguieron. Y no sólo quedó perfecto y fue la cosa más original y más bonita que he visto nunca, sino que encima, lo diseñaron con una imagen que reproducía las constelaciones más conocidas de nuestro universo.

Carlitos quedó tan fascinado con su trabajo, que desde entonces los llama para todos sus clientes y jamás los decepciona.